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Eleanor Longden fue buena estudiante y pudo acceder a la universidad con facilidad. Aunque aparentemente era una universitaria típica y una chica feliz, en el fondo estaba “fundamentalmente asustada”. Hacía un gran trabajo por ocultar sus miedos pero estaba a punto de desmoronarse. Longden comenzó a escuchar voces ese mismo año, una voz dentro de su cabeza que narraba en tercera persona todo lo que Eleanor hacía, era una voz neutral, impasible, incluso tranquilizadora, aunque sonaba frustrada cuando Longden intentaba ocultar su enfado. “Estaba claro que tenía algo que comunicarme, algo sobre mis emociones, especialmente las emociones que eran remotas y de difícil acceso”.

 

El primer error de Eleanor fue hablar de las voces con uno de sus amigos, ya que el mensaje implícito  fue “la gente normal no oye voces”, esto fue lo que la llevo a cometer su siguiente error, consultar con un médico. En la cita con el facultativo, la voz dijo: “Ella está cavando su propia tumba”. Para los médicos, las “voces en la cabeza” es un síntoma que precisa toda la atención, fue entonces cuando todo comenzó a derrumbarse.  Longden tuvo varios ingresos hospitalarios, la diagnosticaron de esquizofrenia, y luego comenzó una “guerra civil psíquica.” Las voces aumentaron en frecuencia  y se volvieron cada vez más amenazantes,  Longden comenzó a vivir en un mundo de pesadillas. “Un círculo vicioso de miedo y evitación. La desconfianza y la incomprensión se había establecido”.

 

Dos años más tarde, su deterioro había sido espectacular. Las voces se habían vuelto terribles, y su estado de salud mental fue un catalizador para agresiones verbales y sexuales. Un médico llego a decirle “Eleanor, sería mejor que tuvieras cáncer, es más fácil de curar que la esquizofrenia”. Longden incluso intentó abrirse un agujero en la cabeza para deshacerse de las voces.

 

Pero Eleanor es una sobreviviente: “. Muchas personas me han hecho daño, y recuerdo a todos, pero los recuerdos se vuelven borrosos al compararlos con las personas que me han ayudado”. Longden junto a su red de apoyo  comenzó un largo viaje de regreso a la salud. Primero tuvo que entender que las voces eran una reacción a los acontecimientos traumáticos de la infancia, “Cada voz está estrechamente relacionada con los aspectos personales, trauma sexual, ira, vergüenza, culpa, baja autoestima…”. “Las voces más hostiles y agresivas representan las partes que me habían herido profundamente y que tuvieron que ser tratadas con la mayor compasión y cuidado”

 

Eleonor abandono la medicación, y regresó a la psiquiatría…como profesional. En la actualidad, Longden señala la importancia de un enfoque individualizado, la pregunta más importante en la psiquiatría no es “¿qué te pasa?” Sino “¿qué te pasó?”

 

Ahora Longden vive en paz con sus voces, desde el respeto, la compasión y la aceptación. Ella es miembro de Intervoice, una organización que forma parte del movimiento “hearing voices”. El grupo cuenta con redes en 26 países, y promueve un sentido de la dignidad, la solidaridad y el empoderamiento de las personas con dificultades mentales. “Nosotros no tenemos que vivir la vida definidos por las cosas dañinas que nos han sucedido”. “Mi psiquiatra dice: ‘No me digas lo que otras personas han dicho acerca de ti, háblame de ti”

 

Fuente: http://blog.ted.com/2013/02/28/living-with-voices-in-your-head-eleanor-longden-at-ted2013/

 

Conferencia (ingles) http://youtu.be/AgZHOSxN5cE

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